Viajo desde que puedo recordar, o incluso desde antes. Empecé mi aventura como viajera cuando era apenas un bebe, viajando a Líbano en los brazos de mi mamá. Líbano es el país de mi papá: un pequeño país en el Medio Oriente, vecino de Siria e Israel. Estuve allí más veces de lo que puedo contar y alguna pequeña parte de mi alma sigue viviendo allí. Crecí dándome cuenta poco a poco, con cada viaje que hice allí, que viajar es lo único que quiero hacer en la vida.

El primer viaje que tengo en la memoria es el año que pasé en Líbano, cuando mis padres decidieron mandarme a la escuela allí. Tenía 6 años. No me acuerdo de todo con detalles, pero cuando pienso en el tiempo que pasé allí, me vienen a la mente unas imágenes fuera de contexto, en fragmentos, que no sabría definir en el tiempo. No sé lo que fue antes o después, en qué mes o en que circunstancia.

 

Algunos de mis recuerdos de Líbano

 Libano

Primer día en la escuela:

Mi primer día en la escuela fue horrible. Es una de las memorias más traumatizantes que tengo hasta ahora. Me acuerdo que no me quería ir, que estaba llorando y tratando de liberarme de los brazos de una de las maestras, que me llevaba casi a fuerza a la clase. Me acuerdo a mi mama y mi tía, paradas detrás de una puerta de vidrio, mientras me alejaba para desaparecer en las entrañas de la escuela libanesa, con niños que no conocía y el idioma que no hablaba. Recuerdo el autobús que me llevaba a la escuela todos los días. Tengo en mi cabeza la imagen de un bus amarillo, el de las películas americanas, pero sé que no era así. El bus pasaba por la casa todos los días y yo siempre era la última para montar. Me acuerdo también de mis días en la escuela. Recuerdo imágenes, que no soy capaz de relacionar con ninguna situación en concreto. Me acuerdo del primer chico que me gustaba. Su nombre era Mustafa y era mi compañero de clase. Yo no hablaba árabe y no podía hablar con él porque no entendía lo que me decía. Al final nos hicimos amigos y de alguna forma lográbamos comunicarnos mientras jugábamos juntos. Después de algún tiempo, la escuela dejo de ser tan horrible. Aprendí a escribir y leer el árabe, lo entendía pero no sabía hablar. Hasta ahora me acuerdo como escribir y leer pero no entiendo y no hablo el idioma. Es una lastima.

La lluvia amarilla:

Un día salí afuera para esperar el bus que me llevaba a la escuela, como todos los días. Era un día lluvioso y no se veía nada. Es muy raro, pensaba, mientras las gotas amarillas de lluvia caían sobre mi abrigo. Me parecía estar en medio de un desierto, rodeada de gotas de lluvia con arena. Resultó que no estuve muy lejos de la verdad: mi tía me explicó que la lluvia era amarilla porque la trajo el viento desde el desierto donde había una tormenta de arena. Cuando pienso en eso, no sé si fue una fantasía o si pasó de verdad. Este día parece tan irreal que perdí la noción de la realidad. ¿Tal vez fue sólo un sueño? De todas formas, es una de las memorias más fuertes y más vivas que tengo de mi infancia.

Los recuerdos de guerra:

Un día mi tía nos llevó a un lugar de Beirut que ha sido bombardeado durante la guerra unos años antes y todavía no ha sido reconstruido. Era de noche y el lugar me daba miedo. Seguramente fue mi imaginación de niña inocente, pero pude sentir las almas de toda la gente que murió en ese lugar por culpa de la bomba que les cayó encima desde el cielo. Lloré. Me acuerdo de este día porque era otra de las memorias más fuertes que tengo hasta ahora (junto con la del primer día de la escuela). Me quería ir a la casa, lo más rápido posible, pero nadie me hacía caso. Los adultos pueden ser tan crueles a veces…

Conociendo al mar:

El mar mediterráneo era el primer mar que conocí. No me acuerdo la primera vez que lo vi, ni la primera vez que me bañe en él. Es una lástima. Seguro sería una memoria hermosa, si sólo pudiera acordarme de estos momentos. Saida – la ciudad donde vive mi tía – tiene una playa, pero es una playa salvaje, pública y bastante sucia. Sin embargo, durante el verano cuando el calor es el más alto, la playa se llena de gente. Nunca me he bañado ahí, pero me encanta pasearme en el malecón – llamado la Courniche el Baher en árabe (baher quiere decir el mar), desde el pequeño castillo, construido por los cruzados en el 1228 y ahora el sitio más destacado de la ciudad, hasta el estadio de fútbol.  Son más o menos 2,5 km, media hora de distancia caminando. Lo que más me encanta de cada uno de mis viajes a Líbano son estos paseos al borde del mar con mi tía, temprano en la mañana, antes de que el sol sea muy fuerte y que la gente salga a las calles. Ya que no hay muchos carros, se puede disfrutar del ruido de las olas chocando con la playa y el susurro de las palmeras. Creo que es debido a eso, que el mar se ha convertido para mí en el símbolo de libertad, de un viaje lejano y exótico, de un sueño. El mar me encanta, las olas me tranquilizan y su inmensidad me hace soñar en cosas que parecen inalcanzables. El mar es para mí lo más maravilloso del mundo entero.

Libano

Me acuerdo de un día de las olas enormes, las olas más grandes que jamás he visto en mi vida, incluso hasta ahora. Era durante el año que pasé allí cuando tenía 6 años y es una de las memorias que se grabaron muy profundamente en mi mente. Tengo en mi cabeza la imagen de una ola enorme, delante de mí, una niña pequeña tratando de nadar en el mar. Tengo miedo de nadar en el mar pero aquel día no tenía miedo de nada.

El cangrejo en el tarro:

Me acuerdo también una anécdota que siempre me hace reír, cuando mi tía encontró en la playa un enorme cangrejo muerto y decidió llevarlo a la casa, tras el llanto inconsolable de mi primo pequeño (quien tenía en este tiempo unos 4 años). Lo encerró en un tarro vacío y lo puso en el balcón. Después de algunos días, el olor del cangrejo no nos dejaba disfrutar del balcón y se podía sentir también en la casa – sobre todo en el cuarto donde mi tía dormía con mis primos, porque este era el cuarto que tenía la salida al balcón. Terminamos tirando el cangrejo.

Los desayunos en el balcón:

Una de las mejores cosas de mis viajes a Líbano son los desayunos en el balcón, desayunos libaneses, compuestos del pan árabe con aceitunas y lebni – un queso blanco libanés, con un sabor un poco ácido, de consistencia de un yogur. Junto a eso, higos frescos, cultivados en Líbano. Nunca en mi vida comí los higos tan deliciosos como los de Líbano. Las aceitunas tampoco, hasta que viaje a Marruecos y me encontré en el souk de aceitunas, rodeada de decenas de grandes botes azules, llenos de aceitunas de todos los colores y sabores. Tengo que admitir que eran las aceitunas más deliciosas que he comido hasta ahora.

Libano

Después de aquel año, regresé a Líbano todavía muchas veces. Dejé una partecita de mi corazón allá, junto a mis raíces, en el país del mar y de las montañas, en el país de los contrastes. Líbano era mi primera aventura como viajera. Tal vez lo que más amo de este país es que estando allá tengo al mismo tiempo la sensación de haber vuelto a casa, a mi niñez y la sensación de una aventura y de estar por descubrir cosas nuevas, aunque sé que ya estuve allí tantas veces que hay muy pocos lugares que me quedan por descubrir. Sin embargo, cada vez que vuelvo allí, siento como si estuviera descubriendo todo de nuevo por primera vez.

En Líbano, no soy viajera, pero tampoco soy turista. Soy una libanesa más, que regresa a su país después de vivir en el extranjero durante varios meses, o años, y que descubre todo como si fuera su primera vez en su país. Soy una libanesa más, que viene a visitar a su familia y que guarda en su corazón las imágenes de su país, desde la última vez que pudo estar allí. Líbano me enseño que siendo viajera, nunca voy a poder ser feliz estando en un solo lugar. Y que voy a dejar una partecita de mi corazón y mi alma en cada país adónde voy, dispersas por las playas y los mares, las ciudades, pueblos, montañas, valles, bosques y casas de gente que encontré en el camino. Líbano me enseñó también que cada cultura es diferente y que uno tiene que abrir el corazón para poder sumergirse en el mundo, fuera de las etiquetas que nos impone la sociedad y me convirtió en una viajera apasionada por conocer otras culturas, otros países y otros continentes.

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Karolina

Soy Karolina: una chica polaca, viajera y mochilera de pasión y autora de este blog de viajes donde encontraras consejos para viajeros y guías de destinos. Soy una apasionada de la lengua española y todo lo latino.

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