¿Líbano? ¿Dónde es eso? ¿Y no te puedes ir a un país normal, que no sea entre Israel y Siria? ¡Pero allí hay guerra!, me decían mis amigos cuando les anuncié que iba a pasar mis vacaciones en el Líbano. Este minúsculo país del Medio Oriente es muy poco conocido. Su pequeño tamaño de 10.452km2 – ¡49 veces menos que España! – y su ubicación entre Israel y Siria hacen que los turistas suelen omitirlo. Sin embargo, Líbano tiene mucho que ofrecer para todos. ¡Podrás encontrar allí todo lo que buscas, aunque el país es tan pequeño que llegar desde la frontera con Israel en el sur hasta la frontera con Siria en el norte toma sólo 6 horas en coche! Yo estuve allí más veces de lo que puedo contar, y cada vez descubro algo nuevo, no sólo sobre el país pero también sobre mi misma. Líbano es un pequeño rincón mágico del mundo, donde uno no se puede aburrir nunca.

Libano

El ambiente del Líbano, que conozco tan bien desde que era niña, sentí ya en el aeropuerto de Londres de donde salía mi avión – con una escala de tres horas en Frankfurt – con destinación a Beirut. Los libaneses parecían rodearme sin cesar. No fue difícil reconocerlos: conozco no sólo sus rasgos físicos que logró diferenciar sin problema entre los nativos de otros países árabes, pero también reconozco con facilidad su idioma – un dialecto del idioma árabe, llamado dialecto levantino y hablado en el Líbano, Siria y Jordania. El dialecto levantino es un árabe hablado, una versión simplificada del árabe Fus´ha, la versión original del idioma.

Después de 9 horas de camino, Beirut me dio la misma bienvenida de siempre: el calor del verano, el aire con su olor libanés que recuerdo de mi infancia, el ruido de las calles donde el tráfico parece ser omnipresente y las luces de la ciudad que rodea el aeropuerto brillando en la distancia. Estoy en casa, en el país de mi padre, otra vez más, sintiendo debajo de mis pies la tierra que amo incondicionalmente, con todas sus contradicciones.

Mi tía me espera en el aeropuerto y nos dirigimos a su casa en Sidón, una de las grandes ciudades del Líbano, ubicada a media hora de Beirut. Sidón – conocido también con su nombre árabe, Saida – es la esencia del Líbano: una ciudad tradicional, caótica, sucia, ruidosa pero con un encanto mágico y un ambiente caluroso.

 

Beirut, la definición de los contrastes:

A Beirut llegamos al día siguiente en un bus local desde Saida y descubro que el transporte local en el Líbano es casi inexistente. En muchas ocasiones la única manera de moverse no sólo dentro de las ciudades pero también entre las ciudades es en coche, lo que explica el eterno tráfico de las calles. La mejor alternativa para los que no tienen coche es el “service”, los taxis colectivos: no es un servicio público, sino conductores privados que ganan dinero circulando por la ciudad y recogiendo pasajeros en el camino, para luego depositarlos en sus respectivos destinos. Los autobuses son muy escasos y circulan de acuerdo con sus leyes propias: no tienen un horario fijo ni paradas designadas. El caos en el país es omnipresente.

En Beirut la modernidad del mundo occidental se mezcla con el lado tradicional del país. La ciudad respira a la libertad del espíritu y de los modales, un concepto que se encuentra todavía con bastante oposición del lado de las familias conservadoras libanesas que viven fuera de la capital. El ambiente de Beirut es diferente al resto del país y su vida nocturna es muy abundante. Es por eso que la ciudad se ha ganado el apodo del “París del Medio Oriente”, que lleva con orgullo hasta ahora. Beirut es la definición pura de la palabra “contraste” en todos los sentidos posibles. En la capital libanesa los barrios ricos del Downtown y Al Hamra chocan con los barrios pobres, habitados por los refugiados de tres lados diferentes: del sur del país y de Palestina, a causa del continuo conflicto con Israel y de Siria, a causa de la guerra. El islam convive sin problema con el cristianismo en una sola calle, donde de un lado hay una mezquita y del otro una iglesia católica. Las mujeres musulmanas se pasean por la calle al lado de sus amigas vestidas al estilo occidental, el canto del muezzin desde las mezquitas de la ciudad silencia el ruido de las calles y el sol observa las montañas libanesas mientras se oculta detrás del mar.

 

 

Libano

 

El resultado de los conflictos políticos:

Al terminar nuestro día en Beirut, después de haber visitado los barrios más populares de la ciudad – Downtown, Al Hamra y Achrafiyeh – decidimos con mi tía tomar el “service” y dirigirnos al paseo marítimo de la Corniche, donde abundan los hoteles lujosos. El más famoso de ellos, Hotel Fenicia, asombra con su lujo y se eleva orgullosamente al lado de otros edificios habitados por los libaneses más ricos.

Sin embargo, mi objetivo del día es ir a Chatila, un barrio habitado por los refugiados palestinos, con la intención de conocer su vida cotidiana. Chatila ha sido establecida como un barrio para los refugiados palestinos en 1949 y desde este tiempo su populación se ha expandido considerablemente, atendiendo alrededor de 22000 personas registradas en el 2014. Los refugiados palestinos en el Líbano viven en extrema pobreza y no tienen derecho a tener propiedades ni de trabajar en empresas públicas, por lo que la mayoría vive de venta de todos los productos que logran conseguir. El Líbano se rehúsa a aceptarlos como parte de su sociedad, esperando que vuelvan a su tierra cuando termine el conflicto que parece no tener fin. Nunca llegamos a Chatila, pero logramos pasar por Dahiyeh, un barrio controlado por Hezbollah que rodea el aeropuerto de Beirut. Mi tía me explica que los miembros de Hezbollah son los habitantes del sur del Líbano quienes se vieron obligados a dejar sus casas destrozadas por los bombardeos de Israel. Las víctimas de estos ataques vinieron a vivir en las afueras de Beirut, aquí en Dahiyeh, y formaron una organización de lucha contra el Israel, con la intención de defender su país de los ataques del vecino. En el mundo occidental Hezbollah está considerado como una organización terrorista, aunque después de haber escuchado la historia de mi tía Hezbollah se convierte ante mis ojos en una organización de autodefensa, formada por la gente que ama su tierra y está dispuesta a defenderla a todo costo.

 

La convivencia religiosa:

Líbano es un país musulmán, donde el islam – en varias alternativas – convive en paz con otras religiones. Islam es la religión oficial del país, pero los cristianos constituyen casi la mitad de la populación libanesa: 54% de la populación es musulmana, 41% es cristiana y 5% son los drusos, una secta separatista del islam que no se considera como tal. Uno de las sectas religiosas más grandes del Líbano son los maronitas, provenientes del cristianismo. Los maronitas constituyen 21% de la populación libanesa y viven en pequeñas comunidades dispersas por todo el país.

Los símbolos del cristianismo se pueden ver en muchos lugares del Líbano y los lugares sagrados donde Jesús y María se refugiaban ante sus perseguidores están dispersas por todo el país. Uno de los santuarios más conocidos del Líbano es la Harissa, Nuestra Señora del Líbano. Es un importante lugar de peregrinación de los cristianos del Líbano, que representa a la Virgen María en forma de una estatua gigante de 15 toneladas de bronce. Harissa está ubicada en Jounieh, a 20 km de Beirut y se puede acceder por una telecabina, llamada Téléférique. Otro símbolo del cristianismo bastante conocido en el Líbano es Nuestra Señora de Mantara, ubicada en Maghdouché – un pueblo ubicado a 8 km al sur de Saida.

 

Libano

 

Esta vez pasé una semana entera en el país de mi padre. Aparte de Saida y Beirut, decido visitar el norte, donde no he estado por muchos años y que recuerdo de mi infancia. A lo largo de los días visitamos Bcharre – el bosque de cedros, el símbolo del Líbano, donde se encuentran los cedros más viejos del mundo, de más de 3000 años, Baatara – una cueva donde en el invierno el agua de la nieve que se derrite en las montañas forma una cascada hermosa y Baalbeck – una ciudad desértica en el norte del país, donde se encuentran las ruinas de un templo romano. Cuando viene el momento de regresar a casa, siento que nunca es suficiente tiempo que paso en este país y que aunque ya he estado allí muchas veces, siempre hay algo nuevo por descubrir. Líbano es el país de los contrastes y es lo que mejor lo define.

 


Karolina

Soy Karolina: una chica polaca, viajera y mochilera de pasión y autora de este blog de viajes donde encontraras consejos para viajeros y guías de destinos. Soy una apasionada de la lengua española y todo lo latino.

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